Hay días que aunque te estés convirtiendo en una psicópata de la salud, te encuentras mal. La cabeza te da vueltas. Tú le das vueltas a la cabeza. Piensas y piensas, y estás encerrada en casa estudiando una cosa que ya no tiene gracia, y echas de menos a esa persona que hace que tus días sean especiales, y no entiendes por qué está en tu vida, y desconfías, y piensas que lo más probable es que se dé cuenta pronto de que se ha equivocado y te deje plantada cualquier día.
Hay días que me harto de ser sana, buena, paciente y comprensiva. Así que he decidido que cuando acabe este maldito trabajo que tengo entre manos me voy a correr una juerga de escándalo, voy a romper las calles de la ciudad y voy a darme al vicio, la perdición y el desenfreno. Porque el tabaco, la bebida y la fiesta acaban con tu vida lentamente.
Pero ayudan a olvidar.
Y a mí lo que me pone enferma es tu ausencia.
domingo, 24 de agosto de 2008
sábado, 23 de agosto de 2008
Por principios
Bueno, pues aquí estoy otra vez después de una larga ausencia. En este tiempo han pasado muchas cosas, la más importante (sin duda), que Depita ha venido a verme a España y hemos pasado diez días juntos en los que me he llevado unas cuantas raciones de caricias, mimos y besitos que me he comido y he digerido ya. Porca miseria, cuando sobra paella no hay manera de terminarla, pero si tengo provisión de dulces en la misma cantidad, no duran ni dos días. Vamos, que le echo de menos a base de bien.
No dejé de fumar del todo. Pero sí que es verdad que ya casi no fumo. Lo cual significa que no compro tabaco sino que consumo el de mis amigas y a cambio les pago las cañas. Así me evito la tentación de ir al bolso, coger un cigarrito y acabar de golpe con mi plan de reinserción en la sociedad sana y comprometida con la reducción del humo en el mundo.
Depita, fiel a sus principios, sigue pidiendo por esa boquita (adorable, por otra parte) y ahora resulta que además de no fumar tengo que beber dos litros de agua al día (lo siento, Depi, la mitad de las veces no me acuerdo de completarlos) y dormir ocho horas todos los días.
Esto último es exigencia reciente y, como pasó anteriormente con el tabaco, no me gustó una pizca.
No me gusta dormir y no me gusta estar en la cama más que si es para leer o para ver una película con el ordenador dándome calorcito en el estómago. Cuando tenga compañía supongo que será distinto porque tendré otro tipo de entretenimientos y porque dormir, como ir al baño en una discoteca o salir de compras, es mejor hacerlo en pareja. Como que apetece más.
Pero Depita se ha empeñado, así que Bebo tiembla y obedece, aunque proteste al principio... Por principios.
No dejé de fumar del todo. Pero sí que es verdad que ya casi no fumo. Lo cual significa que no compro tabaco sino que consumo el de mis amigas y a cambio les pago las cañas. Así me evito la tentación de ir al bolso, coger un cigarrito y acabar de golpe con mi plan de reinserción en la sociedad sana y comprometida con la reducción del humo en el mundo.
Depita, fiel a sus principios, sigue pidiendo por esa boquita (adorable, por otra parte) y ahora resulta que además de no fumar tengo que beber dos litros de agua al día (lo siento, Depi, la mitad de las veces no me acuerdo de completarlos) y dormir ocho horas todos los días.
Esto último es exigencia reciente y, como pasó anteriormente con el tabaco, no me gustó una pizca.
No me gusta dormir y no me gusta estar en la cama más que si es para leer o para ver una película con el ordenador dándome calorcito en el estómago. Cuando tenga compañía supongo que será distinto porque tendré otro tipo de entretenimientos y porque dormir, como ir al baño en una discoteca o salir de compras, es mejor hacerlo en pareja. Como que apetece más.
Pero Depita se ha empeñado, así que Bebo tiembla y obedece, aunque proteste al principio... Por principios.
viernes, 6 de junio de 2008
Noche de dardos

La noche del miércoles me fui con mis amigas Pumu, Beck, Trinity y Arisea a jugar a los dardos. Y fumé, claro.
Desde entonces no ha caído ni uno. Ahora, esa noche me pude fumar fácilmente medio paquete. Estoy cumpliendo con la promesa que le hice a Depita de cuidarme más. Ah, y bebo mucha más agua.
Es curioso como cuando empiezas a llevar una vida algo más sana el mundo parece cambiar contigo.
Hoy no tengo muchas ganas de escribir más. Lo que me apetece es fumarme un cigarro. Pero hasta el descanso de clase, en que me encuentre con los demás fumadores, no pienso hacerlo.
Mira si te querré, chaval.
martes, 3 de junio de 2008
Sigo...

Sigo sin fumar. Hoy he salido con mi amiga Arisea (pensaba salir con Pumu y Beck, pero ha sido imposible) y, como ella no fuma, fiel a mi promesa yo tampoco lo he hecho aunque me moría de ganas. No es que esté especialmente orgullosa de mí misma, aún estoy en la fase de rabiar por todo, pero bueno... Al menos he dado el paso, ¿no?
Esto de estar dejando el vicio es un aburrimiento, y además no consigo quitarme de la cabeza la molesta idea de que en el fondo no lo dejo porque yo quiero. ¿Por qué tengo que hacerle caso a Depita, si a mí fumar me gusta? ¿Por qué me ha tenido que ir a gustar un hombre tan sano?
Esto me recuerda a un novio que tuvo mi tía. Llegó a casa con aires de salvador del planeta y cuando le ofrecimos cerveza, el tío aquel (con el que mi tía llevaba apenas dos meses) dijo "no, desde que está conmigo, ella ya no prueba las cosas malas para la salud".
Puaj.
Señores, soy española. Esto quiere decir que adoro los pequeños placeres de la vida como tumbarme al sol panza arriba (sí, aunque me arriesgue a pillar cáncer de piel), comer (aunque engorde), dormir (aunque me llamen perezosa), charlar (aunque me llamen maruja o cotilla), beber, fumar, hacer el loco, acostarme tarde, dormir hasta bien entrada la mañana, hablar alto y ligar con los camareros. Yo soy así.
Y no voy a fumar. Me pongo una semana. En una semana recapitulo. Pero no dejo de fumar porque me lo haya pedido un Depita loco, sino porque me voy a demostrar a mí misma que si quiero puedo dejarlo cuando a mí me dé la gana.
Faltaría plus.
lunes, 2 de junio de 2008
Propósitos

Una de las cosas malas de encontrar al hombre de tu vida, es que éste sea más guapo, más elegante, más refinado y más sano que tú.
He pasado cinco años saliendo con un hombre (le llamaremos Profe) que fumaba como un carretero, nunca comía ni dormía a sus horas, trabajaba todo el tiempo y le daban los jamacucos más extraños. Con lo cual, yo era la sana de los dos porque si me olvidaba de comprar tabaco y al llegar la noche descubría que no tenía cigarro para fumarme en el desayuno, no empezaba a arrancarme pelos ni a golpearme con las paredes. De hecho, con él podía permitirme el lujo de echarle sermones y decirle que como no cambiara, yo no podía hacer planes de futuro con un tío que no me iba a durar ni tres asaltos.
Bueno, pues resulta que en noviembre lo dejo con Profe (separación traumática donde las haya) y poco después aparece un nuevo hombre (a quien llamaremos Depita) en mi vida.
Este hombre es lo que podríamos llamar una perita en dulce. No bebe (casi), no fuma (casi), conduce, trabaja, se acuesta a sus horas (casi siempre)... ¡Y todo eso sin ser aburrido! Porque vamos, así descrito parece el empollón de la clase, pero nada más lejos de la realidad.
El caso es que ayer estamos hablando y me dice que tengo que dejar de fumar, que tengo que dormir más y no sé qué más historias. Vamos, que tengo que convertirme en lo que no he sido nunca por más que mi madre me haya amenazado física, psicológica y económicamente: una persona sana.
Puaj. Sana. Lo que me faltaba por oír.
Y de repente me he dado cuenta de que aquí en España hay poca gente normal que se precie de ser sana. Somos el país del vicio. No eres nadie si no tienes un pequeño vicio que te dé carta de presentación. Da igual que seas adicto al tabaco, a la bebida, a las series de la tele o a la ropa de un determinado color. Tienes que estar poseído por algo más fuerte que tú. Siempre.
O sea, que Depita me está intentando obligar a ser ciudadana del mundo en vez e producto regional.
Pero como sé que tiene razón y que cuando pasen unos años voy a estar tan cascada como el Profe estuvo en su día (y eso que él no tenía migrañas), voy a intentar convertirme en sana y, de paso, en divina. En los próximos días elaboraré una lista con todas las cosas que tengo que hacer para convertirme en la sana de la relación y poder darle sermones a él.
En el fondo, he creado este blog para subirme la moral y ver mis avances...
De momento, llevo un día entero y la mitad de éste sin fumar.
De dormir, mejor ni hablamos.
Continuará...
He pasado cinco años saliendo con un hombre (le llamaremos Profe) que fumaba como un carretero, nunca comía ni dormía a sus horas, trabajaba todo el tiempo y le daban los jamacucos más extraños. Con lo cual, yo era la sana de los dos porque si me olvidaba de comprar tabaco y al llegar la noche descubría que no tenía cigarro para fumarme en el desayuno, no empezaba a arrancarme pelos ni a golpearme con las paredes. De hecho, con él podía permitirme el lujo de echarle sermones y decirle que como no cambiara, yo no podía hacer planes de futuro con un tío que no me iba a durar ni tres asaltos.
Bueno, pues resulta que en noviembre lo dejo con Profe (separación traumática donde las haya) y poco después aparece un nuevo hombre (a quien llamaremos Depita) en mi vida.
Este hombre es lo que podríamos llamar una perita en dulce. No bebe (casi), no fuma (casi), conduce, trabaja, se acuesta a sus horas (casi siempre)... ¡Y todo eso sin ser aburrido! Porque vamos, así descrito parece el empollón de la clase, pero nada más lejos de la realidad.
El caso es que ayer estamos hablando y me dice que tengo que dejar de fumar, que tengo que dormir más y no sé qué más historias. Vamos, que tengo que convertirme en lo que no he sido nunca por más que mi madre me haya amenazado física, psicológica y económicamente: una persona sana.
Puaj. Sana. Lo que me faltaba por oír.
Y de repente me he dado cuenta de que aquí en España hay poca gente normal que se precie de ser sana. Somos el país del vicio. No eres nadie si no tienes un pequeño vicio que te dé carta de presentación. Da igual que seas adicto al tabaco, a la bebida, a las series de la tele o a la ropa de un determinado color. Tienes que estar poseído por algo más fuerte que tú. Siempre.
O sea, que Depita me está intentando obligar a ser ciudadana del mundo en vez e producto regional.
Pero como sé que tiene razón y que cuando pasen unos años voy a estar tan cascada como el Profe estuvo en su día (y eso que él no tenía migrañas), voy a intentar convertirme en sana y, de paso, en divina. En los próximos días elaboraré una lista con todas las cosas que tengo que hacer para convertirme en la sana de la relación y poder darle sermones a él.
En el fondo, he creado este blog para subirme la moral y ver mis avances...
De momento, llevo un día entero y la mitad de éste sin fumar.
De dormir, mejor ni hablamos.
Continuará...
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