
La noche del miércoles me fui con mis amigas Pumu, Beck, Trinity y Arisea a jugar a los dardos. Y fumé, claro.
Desde entonces no ha caído ni uno. Ahora, esa noche me pude fumar fácilmente medio paquete. Estoy cumpliendo con la promesa que le hice a Depita de cuidarme más. Ah, y bebo mucha más agua.
Es curioso como cuando empiezas a llevar una vida algo más sana el mundo parece cambiar contigo.
Hoy no tengo muchas ganas de escribir más. Lo que me apetece es fumarme un cigarro. Pero hasta el descanso de clase, en que me encuentre con los demás fumadores, no pienso hacerlo.
Mira si te querré, chaval.

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